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SI LA VIDA FUERA EL GUIÓN DE UNA PELÍCULA… DE ROMANOS (MUCHAS GRACIEMS, CAYO GONDOLUS)

Noviembre 17, 2008

NOTA PARA LOS NUEVOS (SI LOS HAY) Y PARA LOS HABITUALES (SI QUEDAN):

Lo sé, lo sé, lo prometí. Pero dejadme disfrutar de la última… Ahora debería explicar, por medio de un complicado plano, las entradas previas que hay que leer para entender este post en toda su grandeza. Pero he hecho algo mejor. Si el lector tiene la amabilidad de mirar en la barra lateral, verá una categoría llamada “GRACIAS GONDOLERO”. Pinchando ahí podrá encontrar, bien ordenados de más reciente a más antiguo, todos los posts de esta ya legendaria saga de nuestros días.

 

 

SEC 1. INT. DÍA. PALACIO DEL EMPERADOR. SALÓN DEL TRONO

 

Nos encontramos en el palacio del EMPERADOR. Éste está sentado en su trono, masticando granos de uva con semblante triste. Junto a él revolotean por la estancia miembros de su guardia personal y sirvientes.

 

Su rostro revela una profunda melancolía.

 

Entra en la estancia, con su casco bajo el brazo, Cayo Gondolus, un apuestísimo centurión. Se dirige con paso marcial hacia dónde se encuentra el Emperador, hasta colocarse enfrente de él.

 

GONDOLUS

(saludando brazo en alto)

¡Heil!

 

El emperador apenas se da cuenta de su presencia y continúa con su expresión ausente.

 

Gondolus repara en la expresión sombría del soberano.

 

GONDOLUS

¿Qué os ocurre, mi Señor?

(haciendo el gesto de desenvainar su espada)

Si alguien ha osado entristeceros…

 

EMPERADOR

Mi amada esposa, la dueña de mi corazón, me ha confesado que me ha elevado a la categoría de dios…

 

GONDOLUS

Pero eso es una magnífica noticia, ¿no?

 

EMPERADOR

Del dios Apis, el Toro divino. Me ha confesado que tiene un amante. Y no miente. Tú la conoces bien, fiel Gondolus, que fuiste su instructor de gramática.

 

ENCADENA CON

 

SEC 2.INT. NOCHE.  PALACIO DEL EMPERADOR. ALCOBA

 

Vemos a Cayo Gondolus dándole caña a ENMA, una bella concubina, sobre un enorme lecho.

 

ENMA

(con voz seminal)

Polla, polla, pollam, pollae, pollae…

 

SEC 3. INT. DÍA. PALACIO DEL EMPERADOR. SALÓN DEL TRONO

 

El rostro de Cayo Gondolus refleja una intensa dicha al rememorar estos instantes felices.

 

ENCADENA CON

 

SEC 4. EXT. DÍA. CIRCO ROMANO

 

Vemos un león caminando por la arena del circo con el casco de Gondolus en sus fauces.

 

SEC 5. INT. DÍA. PALACIO DEL EMPERADOR, SALÓN DEL TRONO

 

El rostro de Gondolus refleja terror.

 

Se arroja de rodillas a los pies del emperador.

 

GONDOLUS

¡Mi Señor, fue ella la que me empujó a la lascivia…! ¡Ella y sólo ella es la culpable de…!

 

EMPERADOR

Y se ha empeñado en no revelar el nombre de su amante para que pueda castigarlo como merece.

 

GONDULUS

(sigue a lo suyo, llorando de rodillas)

Yo le dije mil veces a esa mala mujer que no debíamos seguir con….

(se da cuenta de lo que acaba de decir el emperador)

¿No os ha dicho quién es él?

 

EMPERADOR

No.

 

Cayo Gondolus se incorpora del suelo como si no hubiera pasado nada.

 

GONDOLUS

(para sí, en voz alta, desenvainando su espada)

Pues hay que liquidarla antes de que…

 

Se da cuenta de que todo el mundo lo está escuchando.

 

GONDOLUS

Quiero decir que hay que arrancarle la verdad para poder castigar a ese desaprensivo.

 

EMPERADOR

Ve tú, fiel Gondolus, y sácale la verdad por el medio que sea.

 

GONDOLUS

¿Yo?

 

EMPERADOR

A ti te hará caso. Ve.

 

Gondolus, preocupado, sale por una puerta lateral.

 

SEC 6. INT. DÍA. PALACIO DEL EMPERADOR. ALCOBA

 

En la habitación, Una bella concubina se está peinando.

 

Gondolus entra como un torbellino en la estancia.

 

GONDOLUS

¡Estás loca o qué! ¿Acaso quieres que nos asesine? ¿Sabes lo hambrientos que están los leones del circo?

 

ENMA

No me importa morir por tu amor.

 

GONDOLUS

Sí, sí, pero si quieres morir hazlo tú sola. A mi me gusta estar vivo. Estoy ahorrando para una cuadriga nueva, y estando muerto es muy difícil conducirla.

(agobiado, para sí)

Vaya lío en el que me has metido… Ahora cómo salgo de ésta.

 

FUNDE A NEGRO

 

SEC 7. INT. DÍA. PALACIO DEL EMPERADOR. SALÓN DEL TRONO

 

Cayo Gondolous entra en el salón.

 

GONDOLUS

(al Emperador)

Todo arreglado. Fue un tal Séneca, el filósofo, el que engañó a la pobrecilla. Ya sabéis, un piquito de oro: que si el universo por aquí, que si la insoportable levedad del ser por allá… Un miserable… Lástima que se envenenara el otro día y no podáis darle su justo castigo… En fin, me marcho, que tengo que capturar a unos britanos que…

 

EMPERADOR

(con expresión malvada)

Detente, Gondolus.

 

Gondolus se para.

 

EMPERADOR

Un esclavo, justo antes de morir azotado, ha confesado que tú eras su amante.

 

GONDOLUS

Mintió para salvar la vida.

 

EMPERADOR

Siete esclavos más, antes de morir, lo han corroborado.

 

El emperador se pone en pie.

 

EMPERADOR

Tú también, Gondolus, hijo mío.

 

GONDOLUS

(aterrorizado)

Esto… técnicamente sí. Pero sólo en un plano digamos que espiritual, carnalmente espiritual, quizá un poco más de carne que espíritu, si a eso vamos, pero…

 

Se va desplazando disimuladamente hacia la ventana.

 

GONDOLUS

…La verdad, mi Señor, es que no sé qué decir para que no me crucifiquéis, queméis vivo o me hagáis servir de comida para los leones. Así que me iré. No, no me acompañéis a la puerta: salgo por la ventana.

 

Ante la sorpresa de todos, se arroja por la ventana.

 

EMPERADOR

(a la guardia)

¡Prendedlo!

 

SEC 8. EXT. DIA. PALACIO DEL EMPERADOR. JARDÍN

 

Gondolus se encuentra subido en una cuadriga, preparando las bridas a toda velocidad, cuando aparece la bella Enma.

 

ENMA

¿Quo vadis, Gondolus?

 

GONDOLUS

A Hispania. Mi primo Máximo ha abierto una taberna en un lugar llamado Torremolinum. Sol, playas y un brebaje increíble que se llama sangriae.

 

Enma se sube en la cuadriga.

 

ENMA

Voy contigo.

 

VOZ DE LA GUARDIA

(OFF)

¡Ahí lo tenemos!

 

GONDOLUS

¡Areeeeeeeeeee!

 

Salen disparados.

 

SEC 9. EXT. ATARDECIENDO. VIA AUGUSTA

 

La cuadriga galopa a toda velocidad.

 

ENMA

Seremos felices en Hispania.

 

Aprovechando que Enma mira hacia el exterior, Gondolus prepara su pierna para arrojarla fuera de la cuadriga de una patada….

 

Pero ella se vuelve.

 

Gondolus le mira el escote.

 

GONDOLUS

Los caballos están exhaustos. Pero sé de un lugar en el bosque donde podrán descansar.

 

SEC 10.EXT. NOCHE. CLARO DEL BOSQUE

 

La cuadriga está estacionada. En su parte trasera han colocado un cono de piedra, pintado de rojo, de advertencia.

 

Dentro de la cuadriga, Gondolus está dándole caña a la bella Enma, que tiene la túnica subida hasta la cintura.

 

FUNDE A NEGRO

 

Sobre el negro:

VOZ DE ENMA

(OFF)

Muchas gracias, Cayo Gondolus.

 

Rótulo sobre negro:

 

OCHO MESES Y 20 DÍAS DESPUÉS

 

SEC 11. EXT. DÍA. PARAJE DESÉRTICO

 

Gondolus y Enma van en una carreta tirada por un borrico atravesando una especie de desierto. Al fondo se divisa una población.

 

Ambos visten con túnicas y Gondolus se ha dejado crecer una espesa barba.

 

Apreciamos que Enma está encinta, una prominente barriga la adorna.

 

ENMA

Llevamos meses y meses dando vueltas. ¿Seguro que esto es Torremolinum, Gondolus?

GONDOLUS

Chissssssssssss, no me llames así. El emperador ha puesto espías por todo el imperio. Llámame José, aquí, en Hispania, todos se llaman José.

 

¿Pero qué te dijo ese al que preguntaste?

 

GONDOLUS

Hablaba un hispano muy raro. Seguro que era de esa tribu que bailan aquella danza tan movida, sensual y divertida que se llama sardanae. Pero no me cabe duda de que esto es  Torremolinum. Pasaremos la noche alojados en algún establo, y mañana buscaremos a mi primo.

 

Continúan su camino. A su espalda vemos un cartel que ellos no han tenido la oportunidad de divisar.

 

PLANO INSERTO: Un cartel que dice:

 

A BELÉN 6 ESTADIOS

 

FUNDIDO FINAL

 

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SI LA VIDA FUERA EL GUIÓN DE UNA PELÍCULA… DE KÁRATE (MUCHAS 谢谢, GON DO LEE)

Noviembre 1, 2008

(NOTA PARA LOS MÁS NUEVOS… SI LOS HAY:

Para comprender mejor este post, sería conveniente que el lector tuviera la amabilidad de bajar cuatro entradas, concretamente hasta la titulada “Muchas Gracias, Gondolero (I)”. Luego se sube una, encontrando ahí a la hermana siamesa de la anterior: “Muchas Gracias Gondolero (Final)”. Seguimos subiendo –saltándonos sin reparos la titulada “Y vuelan los patos en Conde del Asalto Beach”- y llegamos a “Mille Grazie, Gondolini”. Luego viene la que tienes justo bajo los ojos… De todas maneras, viendo que se me está yendo un poco la pinza con este asunto, prometo a los lectores –en el hipotético caso de quede alguno después de leer este desvarío oriental- que dejo el asunto de las gracias y los guiones aparcados durante una buena temporada.)

SEC 1. INT. NOCHE. RESTAURANTE PALACIO DE BAMBÚ

 

Panorámica de un restaurante chino de Hong Kong, en los años 70.

 

Todas las mesas están preparadas, aunque no hay ningún cliente en él.

 

Una bella chinita (LI CHI) está colocando jazmines en cada una de las mesas.

 

A su lado vemos un apuestísimo y musculoso chino de unos treinta años, llamado GON DO LEE, que camina nervioso detrás de la chica.

 

                                               GON DO LEE

No entiendo por qué has tenido que contárselo. No lo entiendo.

 

                                               LI CHI

No podía seguir engañándole ni un día más. Tenía que confesarle lo nuestro.

 

                                               GON DO LEE

Ya, ya, ya. Y eso te honra, Li Chi. Pero ¿por qué tenias que decirle que era precisamente yo el que…?

                                               (preocupado)

¿Aún tiene la academia de kárate?

 

Li Chi deja de colocar jazmines y se vuelve hacia Gon Do Lee.

 

                                               LI CHI

Tenía que confesarle que te deseo a ti. Que no se puede amar a un hombre sólo porque sea capaz de partir diez ladrillos de un golpe.

 

GON DO LEE

Eso que dices es muy bonito…

(cae en la cuenta y le cambia la cara)

¿Diez ladrillos, dices? ¿De los gordos?

 

LI CHI

En realidad doce.

 

GON DO LEE

Ese chico no es feo, no es feo, Li Chi. Estoy harto de decirte que Wong Tong no es tan feo. Lo que pasa…

 

LI CHI

(cortándole)

Pero yo te prefiero a ti.

 

GON DO LEE

Pues haz como yo: baja el listón.

 

LI CHI

(resuelta)

Además, es japonés.

 

GON DO LEE

¿Y que más da que sea japonés? Los japoneses son buena gente: han inventado el sake, los haikús y las películas japonesas… ¿Doce ladrillos? ¿Y seguro que va a venir esta noche?

 

LI CHI

Eso ha dicho…

(dubitativa)

Espero que no te dé miedo.

 

GON DO LEE

(ofendidísimo)

¿Miedo? ¿Miedo yo?

 

Se echa a reír, pero se trata de una risa forzada que dura apenas unos segundos.

 

GON DO LEE

(poniéndose serio)

Yo no lo llamaría “miedo”. Más bien respeto.

 

LI CHI

Así podrás ejecutar esas técnicas secretas de lucha que te enseñó tu maestro antes de que lo asesinara aquel ciego.

 

GON DO LEE

Sí, sí… claro… El problema es que son secretas, y si las muestro dejarían de serlo… Además son todas mortales, muy mortales, y eso de matar…

 

En ese momento se abre la puerta y entran en el local cuatro JAPONESES.

 

A la cabeza del grupo va WONG TONG, el novio de Li Chi.

 

Se sientan en una mesa con actitud chulesca. Comienzan a hablar entre ellos y a reír.

 

Al cabo de unos segundos Gon Do Lee, con el miedo reflejado en el semblante, se acerca a tomarles nota con una pequeña libreta, mientras Li Chi se queda en un rincón observando la escena.

 

GON DO LEE

¿Ya saben que van a tomar los señores?

 

WONG TONG

Para empezar, tráenos cuatro raciones de chino agridulce.

 

Los japoneses rompen a reír.

 

GON DO LEE

(asustado)

Los martes sólo servimos menú. Los platos fuera de carta…

 

Wong Tong arroja al suelo con su brazo todo cuanto hay encima de la mesa.

 

Se pone en pie y se encara con Gon Do Lee.

 

WONG TONG

¿Tú eres el que me va a quitar a Li Chi?

        (colocándose en posición de kárate)

¿Estás dispuesto a pelear por ella?

 

GON DO LEE

(asustadísimo)

Pelearía, te prometo que pelearía, pero…

 

Comienza a cojear ostensiblemente.

 

GON DO LEE

El problema es que me ha entrado un tirón muy fuerte en el cuadríceps y tengo hora con el acupuntor. La verdad, ahora que lo pienso, es que tenía que estar clavándome agujas hace media hora.

 

Intensa irse, pero Wong Tong lo sujeta por el kimono.

 

WONG TONG

¿Acaso eres una rata?

 

GON DO LEE

(temblando)

Rata, ascendente Mono… Vamos a hacer una cosa. La casa invita a unos chupitos. Bebemos primero y luego me pegas… ¿De acuerdo?

 

Se suelta y comienza a ir hacia la puerta, caminando hacia atrás y haciendo reverencias mientras.

 

GON DO LEE

( a los japoneses)

¿Licor de jazmín o de rosas?

 

Cuando está junto a la puerta, da media vuelta y sale corriendo.

 

LI CHI

¡Gon Do Lee!

 

Sale corriendo por dónde ha desaparecido Gon Do Lee.

 

SEC 2. EXT. NOCHE. CALLE RESTAURANTE PALACIO DE BAMBÚ

 

Gon Do Lee corre a toda prisa calle abajo.

 

Acierta a pasar por ahí uno de esos pequeños taxis chinos tirados por un pequeño chino que va a pie.

 

GON DO LEE

¡Taxi!

 

El taxi se detiene y Gon Do Lee se sube en él.

 

GON DO LEE

General Mitre, esquina Muntaner, en Barcelona, España… Y deprisa.

 

En ese momento aparece la bella Li Chi.

 

LI CHI

¿Adónde vas, Gon Do Lee?

 

GON DO LEE

A visitar a un primo mío que ha abierto un restaurante en España.

 

LI CHI

(decidida)

Me voy contigo.

 

Se monta en el taxi.

 

GON DO LEE

No puedo permitir que…

 

VOZ DE WONG TONG

(OFF)

¡Ahí está! ¡Cogedlo!

 

GON DO LEE

(nerviosísimo, al conductor)

¡Venga, arranca! ¡Arranca de una vez!

 

SEC 3. INT/EXT. NOCHE. TAXI CHINO Y CALLES DE HONG KONG

 

El taxista corre, con el taxi a cuestas, por las oscuras calles de Hong Kong.

 

En el interior, Gon Do Lee le habla a Li Chi.

 

GON DO LEE

Anoche dijiste muchas cosas. Dijiste que yo tenía que pensar por los dos y eso es lo que he hecho…

 

Le mira el escote.

 

GON DO LEE

Porque tú eres parte de su vida, de su obra; eres su vida…

 

Vuelve a mirarle el escote.

 

GON DO LEE

(al conductor)

A ver si nos puede llevar a un bosque tranquilo, por favor.

 

 

FUNDE LENTAMENTE A NEGRO

 

Sobre el negro, sonido de gemidos…

 

VOZ DE LI CHI

(OFF)

                            Muchas 谢谢,, Gon Do Lee.

 

ABRE A

 

SEC 4. EXT. NOCHE. CARRETERA SECUNDARIA CHINA

 

Desde un punto fijo de la carretera –en el exterior del coche- vemos cómo el pequeño taxi chino se va alejando de nosotros…

 

VOZ DE LI CHI

(OFF)

(seminal)

Sigue, sigue, sigue…

 

VOZ DE GON DO LEE

(OFF)

Pero quiere mirar la carretera y dejarnos en paz a nosotros, buen hombre.

 

VOZ DE LI CHI

(OFF)

¿Pero qué te pasa?

 

…Se aleja…

 

VOZ DE GON DO LEE

(OFF)

No para de mirar, que está mirando.

 

VOZ DE LI CHI

(OFF)

No pienses en él y concéntrate.

 

…Se aleja…

 

VOZ DE GON DO LEE

(OFF)

Cómo quieres que me concentre si no nos quita el ojo de encima. Hace dos curvas estuvo a punto de estrellarse contra un buey.

 

…Hasta que se pierde definitivamente en la distancia.

 

FUNDIDO FINAL

SI LA VIDA FUERA EL GUIÓN DE UNA PELÍCULA… ITALIANA

Octubre 27, 2008

(NOTA PARA LOS NUEVOS, SI LOS HAY: Para comprender mejor este texto sería conveniente desplazarse dos posts hacia abajo, concretamente el titulado: “Muchas gracias, Gondolero”… Es sólo una sugerencia, que conste.)

  

 

* * *

 

MILLE GRAZIE, GONDOLINI

 

 

SEC 1. INT. NOCHE. BAR QUATTRO FORMAGGI

 

 

Panorámica de una taberna de los años cincuenta, en un pequeño pueblo del sur de Italia.

 

En la barra tenemos a GIUSEPPINA, una gorda matrona. A su lado, DON GIULIANO, su marido. En una de las mesas, el CURA y el JEFE DE CARABINEROS dan cuenta de sendos platos de pasta.

 

 

Junto a la barra, en una esquina, se encuentran ENMANUELLA y GARIBALDINO, una pareja de jóvenes. Garibaldino lleva gorra y bufanda del Nápoles C.F. Enmanuella, una atractiva joven, es la hija de Giuseppina y Don Giuliano.

 

 

En el otro extremo del local GONDOLINI (el camarero) -un atractivísimo, simpático y musculoso hombre de unos treinta años- observa con disimulo a la pareja.

 

 

Ëstos están discutiendo acaloradamente, aunque no se puede escuchar lo que dicen desde donde nos encontramos.

 

 

Gondolini se acerca, disimulando, hacia ahí. De pasada, escucha a Garibaldino lamentarse:

 

GARIBALDINO

(a Enmanuella)

¡Putana!

 

Gondolini pasa al otro lado de la barra y finge rellenar el crucigrama del Times. Nervioso, al cabo de unos segundos vuelve a pasar, y escucha:

 

 

ENMANUELLA

Me voy con él.

 

 

GARIBALDINO

Don Domenico, mi padre, mandará matar a Gondolini en cuanto se entere. Y Don Guiliano, tu padre, le matará también… Si no lo ha hecho ya Don Domenico, claro.

 

 

Asoma una expresión de terror en el rostro de Gondolini.

 

 

Giuseppina se dirige a la pareja.

 

GIUSEPPPINA

(gritando)

¿Pero que os pasa a vosotros?

 

GARIBALDINO

(señalándose la cabeza mientras habla)

¡Corna, señora Giuseppina! Enmanuella me ha puesto la corna en la mia testa.

 

GIUSEPPPINA

(gritando)

¿Grande corna?

 

GARIBALDINO

(gritando)

¡XXL!

 

GIUSEPPPINA

(a Garibaldino)

¡Santa Madonna! Cuando tu padre se entere, no daría ni un millón de liras por el pobre idiota que lo haya hecho.

(a Don Giuliano, gritando)

La desgraciada de tu hija le ha puesto colossale corna a Garibaldino.

 

Don Giuliano saca una escopeta de debajo de la barra.

 

 

Vemos que el rostro de Gondolini va adquiriendo distintas tonalidades, a cual más pintoresca: amarillo, verde, azul, violeta…

 

 

Don Giuliano dispara el techo.

 

 

DON GIULIANO

¿Quién ha sido? ¿Quién ha deshonrado a mi pequeña Enmanuella?

 

CURA

(a Giuseppina)

¿Pero qué pasa, Giuseppina?

 

GIUSEPPPINA

(retorciéndose)

Mi hija le ha puesto monumentale corna miles de veces a  Garibaldino. Y ahora el ragazzo es el más grande cornuto de toda la Italia.

 

 

JEFE DE CARABINEROS

Pero ¿quién tendría el valor de ponerle la corna en la testa al hijo del Padrone…? Cuando se entere Don Domenico, no daría ni cien mil liras por el pobre idiota que…

 

GONDOLINI

Ejem… Voy a buscar lambrusco al super, que sólo quedan cuatrocientas botellas.

 

Gondolini sale corriendo de la taberna.

 

 

SEC 2. EXT.NOCHE. CALLE BAR QUATTRO FORMAGGI.

 

 

Gondolini está intentando arrancar su Fiat 500 -dándole una y otra vez a la llave de contacto- cuando aparece Enmanuella y abre la puerta del acompañante.

 

 

ENMANUELLA

¿Adónde vas, Gondolini?

 

GONDOLINI

A Etiopía.

 

ENMANUELLA

¿En coche?

 

GONDOLINI

Aunque sea andando. Me han dicho que el clima de Etiopía es excelente en esta época del año.

 

Gondolini consigue arrancar por fin.

 

 

Enamanuella se sienta al lado de Gondolini.

 

 

ENMANUELLA

(decidida)

Me voy contigo.

 

GONDOLINI

No, Enamanuella, no voy a permitirlo. Tú debes coger ese tren con Garibaldino porque…

 

 

En ese momento se escucha el sonido de un disparo.

 

 

GONDOLINI

(aterrorizado)

Vámonos.

 

Gondolini pone primera y sale de ahí a toda velocidad.

 

SEC 3. INT/EXT. NOCHE. COCHE DE GONDOLINI Y CARRETERA

 

Gondolini va hablando con Enmanuella, que lo escucha atentamente.

 

GONDOLINI

Anoche dijimos muchas cosas. Dijiste que yo tenía que pensar por los dos y eso es lo que he hecho. Y sé que tienes que subir a ese tren con Garibaldino, que es a quien perteneces…

 

Gondolini fija la mirada en el escote de la chica.

 

GONDOLINI

Tienes que subir a ese… tren… Por cierto… ¿a qué hora sale el tren?

 

ENMANUELLA

A las doce.

 

Sigue mirándole el escote.

 

GONDOLINI

Eso nos deja una hora y media. Me he dejado una cosa en el bosque y me gustaría…

 

ENCADENA CON

 

SEC 4. INT. NOCHE. COCHE DE GONDOLINI

 

Enmanuela, con el culo sobre el volante, cabalga encima de Gondolini.

 

FUNDE A NEGRO

 

Sobre el negro:

 

VOZ DE ENMANUELLA

(OFF)

Mille grazie, Gondolini.

 

SEC 5. EXT. NOCHE. ESTACIÓN DE TREN

 

 

Una estación vacía.

 

Al fondo vemos un tren repleto de hinchas del Nápoles. Hacia él se dirige, cabizbajo, Garibaldino.

 

En otra parte de la estación tenemos a Enmanuella y Gondolini. Los envuelve una espesa niebla.

 

Gondolini, con gabardina y sombrero, está hablando.

 

GONDOLINI

Si ese tren arranca y no vas en él, lo lamentarás; tal vez no hoy, ni mañana, pero lo lamentarás… No podrás ver el partido, entre otras cosas.

 

ENMANUELLA

(llorosa)

Dices eso para que me vaya.

 

GONDOLINI

Digo eso para que no me maten. Me gusto, me gusto a mí mismo, y quiero seguir vivo.

 

La empuja.

 

GONDOLINI

Anda, al tren… Ya te escribiré una postal.

 

Enmanuela, con los ojos llorosos, echa a andar hacia el tren. Gondolini la sigue con la vista.

 

Justo cuando la chica ha desaparecido de cuadro, sale una cabra de no sé sabe dónde.

 

 

Gondolini se agacha y la toma entre sus brazos, mientras, en banda de sonido, comienzan a sonar los acordes del himno del Barça.

 

GONDOLINI

(a la cabra)

Me parece que éste es el comienzo de una hermosa amistad.

 

FUNDIDO FINAL

MUCHAS GRACIAS, GONDOLERO (FINAL)

Octubre 22, 2008

El asunto sigue así unas semanas: viéndonos casi todas las tardes, por lo general en su casa, y alguna que otra vez en la mía.

 

Pero la cosa se va complicando. Empiezo a sospechar que la buena de Enma se está enamorando de mí. No tengo pruebas fehacientes, claro, pero sí pistas que apuntan en esa dirección: imperceptibles indicios que para alguien con menos olfato que yo pasarían inadvertidos: detalles como escribirme poemas, llamarme por teléfono a todas horas, decirme “te quiero” veintisiete veces al día y preguntarme qué opinaría si plantara a su novio, dejase los estudios y a sus padres y se viniera a vivir conmigo… Y eso, el amor, no entra en mis planes más inmediatos. Ni siquiera en los menos inmediatos. No soy un hombre ambicioso.

 

De momento me conformo con el sexo.

 

Un sábado, de madrugada ya, nos disponemos a cerrar la discoteca. Las camareras están cargando neveras y sólo quedan en el local algunos clientes habituales. Por regla general, cuando finalizamos la sesión de los sábados, un buen número de parroquianos ponemos proa hacia otra discoteca de un pueblo cercano -diríamos que en un intento de apurar la copa de la estulticia hasta las heces-, una discoteca que cierra dos horas más tarde que la nuestra. Enma y su novio están junto a una de las barras. Desde la distancia advierto que están discutiendo acaloradamente. (Hay que señalar que a estas alturas todo el pueblo menos el novio –o por lo menos eso creo yo hasta el momento- está al corriente de lo que pasa entre nosotros, por lo que no hay ni una sola alma en el local, personal del mismo a la vanguardia, que no esté atenta a lo que sucede en nuestra reducida familia.) Y, al parecer, la discusión va subiendo de tono a cada segundo. Como quien no quiere la cosa, me acerco por ahí, y, de pasada, escucho que Enma le dice a su Charles:

 

-Me voy con él.

 

Intuyo que cuando dice ese “él” se está refiriendo a mí… Mientras el nerviosismo me gana por momentos, finjo hacer alguna cosa en la barra y vuelvo a pasar y a pegar la oreja con disimulo. Esta vez es él quien está hablando con su perfecto catalán con acento de Girona:

 

-Eres una puta.

 

Siempre, desde la más tierna infancia, he sido un hombre valiente, arrojado y amante del peligro. Y a los hombres se les mide por cómo actúan en las situaciones desesperadas… Por lo que, con desprecio de mi propia vida, efectúo lo que en el argot militar se conoce como “Maniobra Evasiva” y en la calle, simplemente, como “salir por piernas”.

 

O lo que es lo mismo: me esfumo de ahí a toda la velocidad que puedo, que no es poca.

 

Pero aún no he acabado de cerrar la puerta de mi coche cuando Enma llega corriendo y se monta, decidida, en él. Su novio nos mira con cara de hipotecado de por vida desde la puerta del local. La situación parece sacada de una película, de una mala película. No quiero montar un espectáculo en plena calle, así que, rindiéndome a lo inevitable, arranco.

 

Sobre la marcha resuelvo que es el momento de poner punto y final a nuestra relación. Empiezo, por tanto, a improvisar un conmovedor discurso –en realidad una burda copia , adaptada a las circunstancias, del de Bogart en Casablanca- sobre la conveniencia de estar un chico de su edad, que yo sólo soy un ave de paso, etc, etc, etc… Ella me mira con carita apenada, sin abrir la boca. Mientras estoy declamando el nudo central de mi panegírico, mis ojos se posan en sus magníficas tetas: siempre me he preguntado si gastará la talla 100 o la 110… Pero, no, no, no es el momento… Gondolero, por una vez en la vida y sin que sirva de precedente, pórtate como un hombre de una pieza…

 

Enos engendró a Quenán, Quenán engendró a Mahalel, Mahalel engendró a Léred, Léred engendró a Enoc, Enoc….

 

-¡Qué demonios!  -me digo- ¡Uno rápido de despedida no puede hacer daño a nadie!

 

Otra vez nos internamos en las pistas forestales, y ahí, con ella sobre el volante, lo hacemos por última vez.

 

Un rato más tarde y con el ánimo más sereno, continuamos nuestro trayecto hacia la discoteca. Yo sigo a vueltas con la mala influencia que soy y lo maravilloso que es su novio, vamos, que no hay color entre nosotros: incluso yo mismo, si yo fuera ella y no fuera yo, me quedaría con él sin dudarlo ni un segundo… Aunque, la verdad sea dicha, a este chico le persigue la mala suerte: cuando llegamos al local, él está apoyado en un coche, cabizbajo, frente a la puerta. Parece que no es la mejor noche de su vida: los porteros no lo han dejado entrar.

 

Nos acercamos hacia donde se encuentra y, con un hábil movimiento, se la entrego. Sólo me falta decir el “Creced y Multiplicaos” de rigor; pero no lo hago. En realidad, antes de que nadie tenga tiempo de decir una palabra, me escabullo hacia el interior del local.

 

Ni Bogart lo habría hecho mejor …

 

…Aunque, en honor a la verdad, más que Casablanca, toda la situación parece Una noche en Casablanca, de los hermanos Marx.

 

Por razones que relataré en otra ocasión, a los pocos días de este hecho me voy apresuradamente de ese pueblo para no regresar, así que no vuelvo a ver a los Bovary. Pero esta historia sí tiene un epílogo a su altura: unos siete u ocho años más tarde, una mañana camino -absolutamente “enmimismado”, que es como suelo caminar- por el centro de mi ciudad. De pronto, a unos metros a mi espalda, escucho un claxon que suena repetidas veces. Me giro y advierto que me están llamando desde un coche… Es el novio de Enma –presumo que ya convertido en cirujano-, con una sonrisa de oreja a oreja, saludándome como si fuera un viejo amigo de la infancia. Y parece encantadísimo de verme. Le saludo a mi vez desde la distancia antes de continuar mi camino con más prisa de la que en realidad me apremia. A pesar de que no puedo escucharlo, lo imagino diciéndome, mientras agita la mano:

 

-Muchas gracias, Gondolero.

 

Para que luego digan…

 

MUCHAS GRACIAS, GONDOLERO (I)

Octubre 20, 2008

Se llamaba Enma, aunque, infidelidades aparte, tenía poco que ver con la Bovary. Una de las cosas que más me llamaban la atención de aquella deliciosa muchachita era que, invariablemente, después de acabar el sexo me decía:

 

-Muchas gracias, Gondolero.

 

Hasta entonces nunca nadie me había dado las gracias por habérmela tirado, como mucho me habían agradecido el no haberlo intentado, o también que desapareciera del mapa, así que aquello me llegaba al alma… Hasta que -unos meses después de conocerla- me trasladé a vivir a aquel pueblo de la costa, nos veíamos obligados a hacerlo en el coche o en su casa cuando no estaban sus progenitores en ella. El primero fue en mi coche. Habíamos estado cenando sin que hubiera pasado -ni el más mínimo detalle hiciera sospechar que iba a pasar- absolutamente nada y buscábamos, sin éxito hasta entonces, un atajo para llegar a un pueblo cercano sin tener que pasar por la carretera general y exponerme a un control de alcoholemia. Por aquellos días yo había roto una relación que databa casi de la adolescencia y andaba más deprimido que un pavo de navidad en navidad. Enma y yo Íbamos charlando de cosas intrascendentes por aquellas pistas forestales mientras yo meditaba para mis adentros cómo comenzar con un ataque que fuera lo bastante sútil como para poder emprender una digna retirada si la cosa se torcía, lo que se conoce –o debería conocerse- en el argot como “la Maniobra Envolvente”, o mejor aún, “El Ataque de la Comadreja”.

 

Al final me decanté por una maniobra tan sútil y cauta como colocar mi mano entre sus piernas, encomendarme a San Genaro y esperar su reacción.

 

-Porque a mi me encanta la danza –está diciendo ella. Y yo asintiendo como un bobo y mirándola fijamente, aunque no presto atención a ni una sola de sus palabras.

 

-Cuando bailo soy capaz de olvidarme del mundo…

 

Sin dejar de asentir saco mi mano derecha del cambio de marchas y, poco a poco y como quien no quiere la cosa, subo la mano por sus piernas y la voy deslizando entre su falda. Y… ¡Dioses del Olimpo! Encuentro ahí algo parecido al lago Missouri después de varios meses de lluvias y la acción de unos cuantos tsunamis combinados. Jamás –ni antes ni después en mi vida- he visto nada igual. Está absolutamente empapada. Ahí mismo le doy al freno de mano y la empiezo a desnudar… Y, unos tres cuartos de hora después y mientras todavía la tengo con el culo sobre el volante de mi viejo SEAT, ocurre por primera vez:

 

-Muchas gracias, Gondolero.

 

Tenía dieciocho años y un simpático novio en último año de medicina. Yo rondaba los treinta y era el director de la discoteca puntera de ese pueblo de la costa. Ambos, Bovary y Charles, eran clientes de la discoteca: ahí los había conocido unas semanas atrás

 

Emma, a pesar de ser una preciosa muchachita con cara de no haber roto jamás un plato, solía alardear de ser la chica más golfa del pueblo. Incluso me contó en una ocasión que impartía lecciones (enseñanza no reglada y no subvencionada, pero enseñanza al fin y al cabo) del arte de la felación a sus amigas menos versadas en la materia. Lo hacía por medio de un plátano, e ignoro si al terminar les hacía también recitar, a la manera de un mantra, la siguiente frase:

 

-Muchas gracias, plátano.

 

Algunas tardes me invitaba su casa, aprovechando que sus padres estaban trabajando y que tanto su novio como ella se quedaban a estudiar en sus respectivas moradas. Fuera de la primera noche jamás se planteó ir al cine, o a cenar, o a ningún sitio en el que no hubiera una cama. La chica tenía el sexo metido en la cabeza, en realidad ocupaba todos sus pensamientos. A mí también me gustaba, claro, pero ella se alimentaba de sexo. En una ocasión la telefoneó su novio en plena refriega… Ella descolgó el teléfono de la mesita de noche mientras estaba a cuatro patas y yo la bombardeaba por la retaguardia como un B-52 descargando su material bélico sobre el desierto de Irak.

 

-(…)

     -Sí, cariño.

     -(…)

     -Es-tu-dian-do –dijo, con una voz cantarina donde, a pesar del disimulo, se leía entre líneas la lascivia del momento.

 

De alguna manera me parecía poco ética la cosa, así que traté de imprimir a mi mente algún pensamiento poco estimulante hasta que colgara…

 

Enos engendró a Quenán, Quenán engendró a Mahalel, Mahalel engendró a Léred, Léred engendró a Enoc…

 

-Mañana tengo examen de filo -seguía contándole Enma.

 

Pero me excitaba verla hablar con el novio mientras explotaban los Cañones del Navarone en su trasero y yo le acariciaba los pezones…

 

Enoc engendró a Matusalén, Matusalén pegó un polvazo de padre y muy señor mío bajo un olivo y engendró a Lamec, Lamec no paró de darle al manubrio con decenas de esclavas hasta que tuvo a Noé...

 

-(…)

-Sí, cariño, yo también te quiero.

 

Colgó. Aquél, lo prometo, fue uno de los mejores. Y también de los últimos. Y acabó como de costumbre:

 

-Muchas gracias, Gondolero.

 

A lo que yo respondía cosas como:

     -Ha sido un placer.

     -No se merecen.

     O, simplemente:

     -De nada.