Mi chica, mi amigo A.., su novia y yo. Todos rondamos los 25. Estamos en un pueblo de playa, pasando el fin de semana en un hotel. A… es un tipo enorme, cerca de un metro noventa de puro músculo. Ambos practicamos boxeo, y también hemos formado una banda de rock caótico cuyas actuaciones suelen acabar a tortazo limpio. A… y yo acabamos de descubrir el apasionante universo de la coctelería esa misma noche. Y asi estamos, bebiéndonos una carta de cócteles -uno por uno y de arriba abajo- mientras nuestras chicas nos miran con el aburrimiento reflejado en sus rostros.
Hemos acabado ya los “tragos largos”, y ahora estamos dando cuenta de los cortos.
-¿Y estos dos qué llevan? -le pregunta A… al barman.
-Bourbon, azúcar….
-Bien, bien -interrumpo-. Ponlos.
-¿Vais a estar bebiendo toda la noche? -pregunta B…, la novia de mi amigo.
-Sí -respondo.
-Mientras podamos continuar en pie, sí -asegura A…
Las chicas se levantan, enfadadas. Llevamos cerca de dos horas en esa coctelería de pueblo, sin prestarles ninguna atención, y ya no aguantan más.
-Pues nos vamos -anuncian.
-Poneos condón si echáis un polvo con alguien -dice A… sin ni siquiera mirarlas- Hay mucha mierda por ahí.
Se largan. Continuamos bebiendo.
-¿Sabes por qué me gustas? -me pregunta A…
-¿Por mi enorme polla?
-Porque siempre dices lo que piensas. Me recuerdas al personaje de un cómic que se llama “Hombre”.
-Vas a hacer que me eche a llorar.
-Lo digo en serio.
-¿Qué le deben echar a esta mierda para que digas cosas así?
-Y eso que el día que te conocí quería partirte la cara.
-Y yo a ti.
-¡Pon las dos siguientes! -ordena A… al camarero.
La cosa sigue por estos derroteros. Cuando ya sólo nos faltan cuatro cócteles para acabar con la carta completa, regresan las chicas. Pero no vienen solas: están acompañadas por un sujeto bien vestido de nuestra edad. Al vernos, le cambia un tanto la cara; pero aguanta el tipo.
-¿De dónde habéis sacado a este besugo? -pregunta A…
-Se llama Jordi, y dice que nos puede entrar sin pagar en la discoteca del pueblo.
-¿Y quién quiere entrar en la discoteca del pueblo? -pregunto.
A… se levanta, tambaleante, de su taburete, y se coloca frente a Jordi.
-¿Quieres follarte a nuestras novias? Porque si es así, antes deberás demostrar que eres más hombre que yo.
-No, no -dice Jordi, poniendo cara de que esta idea ni se le había pasado por la imaginación.
-Sólo quieres amistad, ¿verdad? -pregunto yo-. Te han caído muy bien y deseas ser su amigo. Pero sin sexo, claro. El sexo podría estropearlo todo.
-Venga -dice A…, palméandole la espalda-. Tómate uno de estos, compañero… son la hostia.
Sin embargo M…, mi chica, se planta. Conozco bien esa mirada:
-¿Vamos a la discoteca o no? -dice, con las comisuras de los labios temblándole de rabia.
Los cinco nos dirigimos hacia la disco. Cuando llegamos, nos encontramos con una pequeña sorpresa: Nos dejan entrar a todos gratis menos al que se supone que debía de entrarnos. Parece ser que no lleva dinero, y se queda fuera.
-Adiós, Jordi -nos despedimos.
Las chicas se ponen a bailar. Nosotros no bailamos, estamos demasiado borrachos para coordinar movimientos a estas alturas de la velada. Yo, por mi parte, estoy pensando en los cócteles.
-Cuatro, nos faltaban cuatro -digo-. Sólo cuatro.
-Es verdad, joder. Cuatro y terminábamos la carta.
Nos miramos…
Sin decirle nada a las chicas, nos largamos de vuelta a la coctelería. Nos cuesta encontrarla, pero al final lo conseguimos. Nada más entrar, A… se dirige a nuestro benefactor de la noche:
-Pon los cuatro que nos faltan, Jaime.
En algún momento nos ha comentado que se llama Jaime.
-¿Las cuatro a la vez?
-Las cuatro a la vez.
Continuamos hablando y riendo, riendo, riendo… Diciendo bobadas y riendo…
Cuando sirve los combinados, Jaime se marca un punto:
-A estos invita la casa.
Cogemos dos copas y las colocamos en alto. Es verano, y todo en nuestra vida parece funcionar como es debido… Las chocamos, cristal contra cristal.
-Por una noche de puta madre -brinda A…
-Amén -.digo yo.
Etiquetas: BORRACHOS, HOMBRE, NOCHE DE PUTA MADRE
Julio 7, 2009 a las 1:32 am
Jajajaja, anda que ahora ibas a aguantar una noche así por muy de puta madre que fuera…..
Cambiar a las chicas por los cócteles…….. supongo que esa noche no os darían las gracias, jajajajaja.
¡qué arte tienes!
Besitos
Julio 7, 2009 a las 9:25 am
Jajajaja qué diferene visión de la vida tenemos hombres y mujeres, para vosotros y no me refiero sólo a los dos, posiblemente eso a los veinticinco sea una noche de puta madre, !qué duda cabe!. La cuestión es como ha podido sobrevivir nuestra especie con tanto desencuentro emocional, está claro del porqué de ese componente tan fuerte que lleva aparejado el sexo, y no hablo de otra cosa del enamoramiento, todo el mundo sabe que es un estado de enajenación mental importante, menos mal que es momentáneo porque de otra forma tampoco sobreviviríamos mucho más tiempo de la edad fértil.
Julio 7, 2009 a las 9:40 pm
Malvaloca: pues no, no nos dieron las ganas. En realidad hubo una segunda parte d ela historia, no menos divertida, en nuestras respectivas habitaciones de hotel.
Besos para ti.
Amy: Yo también pienso lo de la enajenación mental del enamoramiento, aunque el otro día discutía con una persona si existe al amor apasionado eterno o no.
Julio 9, 2009 a las 8:27 am
Pues mira yo pienso que en esto habrá de todo como en botica, habrá personas que se apasionan siempre con la misma persona y otras que necesitan del enamoramiento para sentir pasión. Pero estar enamorado es como encender una cerilla, hay una combustión que enciende la llama, esa combustión empieza y acaba en el tiempo, la llama ya es cosa de la persona que la tiene que mantener encendida, hay mucha gente que cree que no depende de él mantenerla encendida, como la combustión inicial, que es la otra persona la que se debe ocupar. Y claro con esas al final se le apaga, porque cada cual tiene que ocuparse de su propia llama para estar pendiente de la del otro encima. En fin si me entiendes, por favor cómprame que estamos en rebajas.
Julio 13, 2009 a las 9:28 pm
Te compro, claro…
No, no, es broma. Jamás te compraría en rebajas. Hay cosas que siempre hay que comparlas a su verdadero precio, o sea, inculcalable.
Quiero decir que no tienes precio.
En fin, si no me entiendes, cómprame.