GONDOLERO EL POLÍGAMO (LA CUARTA ENTREGA)

By gondolerobcn

-¿Tan gordo? -pregunto horrorizado al ver el tamaño del manuscrito.

-Lo siento -me dice L…, la secretaria de la editorial. L… me pone cachondo.

-Pe… pero es muy gordo. Y a un espacio. ¿No hay otro más pequeñito?

-Ella quiere que lo hagas tú -dice. Y con el “ella” se está refiriendo a la editora.

-¿Yo?

-Sí. El autor es un conocido suyo: se trata de la primera parte de una trilogía.

-¿Tres? ¿Igual de gordos que éste? ¿No pagáis también el tratamiento con antidepresivos?

Se ríe.

-Lo preguntaré…. Por cierto, ¿qué te ha pasado en la cara?

-Me caí de las montañas rusas.

TITULO: El León y la Cebra (Primera parte) (321 páginas)

AUTOR: ???????????

COLECCION: Novela

PUBLICO: Amantes de las emociones fuertes.

Resumen argumental: “Lo fill del Lleó”, hijo del “Lleó de Deltebre”, y nieto del “Viejo Lleó de Deltebre”, emigra a Barcelona a finales de los años 20. Entra en un grupo anarquista y se dedica a la acción directa, hasta que un capataz le convence de que participe en la lucha obrera, sí, pero sin transgredir la ley. Al poco, llegan del pueblo una prima suya (de la que está enamorado) y Gervasia, una amiga de ésta. Se hace novio de la segunda y se casan.

A causa de su participación en la lucha obrera tiene que desaparecer una temporada de la circulación, coincidiendo su huida con el tercer embarazo de su mujer. Lo Lleó de Deltebre, pues, se enrola como voluntario en la guerra de África. En el curso de una batalla le mandan conquistar a él solito “una roca rojiza”, entendemos que un punto de un valor estratégico clave para el desenlace de la contienda. Derrochando valor y arrojo, la toma, y, tras matar a un enemigo que está a punto de acabar con él, es apresado por los “moracos”, que lo internan en un campo de prisioneros, campo del que huirá meses después junto con sus compañeros.

Reintegrado a su batallón, en pleno fragor del combate dispara tres veces por la espalda a un enemigo que está huyendo -cosa que entendemos como gesto más bien hostil-, que era hermano del otro que mató en la roca y, además, lo había salvado de una ejecución sumarísima cuando lo capturaron.

Ya de nuevo en Barcelona, a lo Lleó le acomete un sentimiento de culpa por lo “desagradecido” que resulta haber disparado por la espalda sobre quien le había salvado la vida en una ocasión.

Ahmed y sus hijos Melik y Ahmed, parten a la guerra. Asistimos a la toma de la roca rojiza de antes, pero vista ahora desde el bando contrario, pues Melik y Ahmed son los musulmanes a los que mató lo Lleó; aunque al segundo hermano, Melik, aquel a quien disparó meses más tarde por la espalda, no lo llegó a matar.

El teniente de las tropas de Franco, Mohamed, hijo de Melik,pelea en el Frente de Madrid. Su padre, que combate también en las filas nacionales, es capturado y posteriormente fusilado por los republicanos. Y lo Lleó cae prisionero otra vez, ahora en manos de Mohamed, y corre la misma suerte que su antiguo adversario.

Valoración y comentarios: Resulta difícil encontrar calificativos apropiados para definir como se merece esta novela, pero apuntaremos que a nuestro entender El León y la Cebra es una divertidísima y delirante parodia de las sagas familiares, las malas novelas bélicas, el folletín, las malas novelas de aventuras, la narrativa erótica de más baja calidad y, resumiendo, de la peor literatura. En efecto, a lo largo de sus páginas no deja títere con cabeza, y todos los tópicos habidos y por haber son barridos bajo el peso de la pluma inmisericorde del autor. Para ello nos tememos que tuvo que sortear de entrada dos abruptos escollos. El primero era crear un elenco de personajes -con sus protagonistas a la cabeza- que resultaran lo suficientemente increíbles, demenciales, patéticos y absurdos, y que, por si fuera poco, movieran a la carcajada en cada línea (cosa que consigue). Y también, por descontado, una trama que resultara absolutamente inverosímil hasta para el lector más crédulo (lo consigue también). Explicaremos esta última afirmación por medio de un ejemplo: no resulta para nada descabellado que un hombre mate a otro en una guerra. Lo es un poco más que, cuando capturan a ese soldado, escape de la ejecución gracias a la clemencia del propio hermano del muerto. La cosa empieza a resultar esotérica, y más si tenemos en cuenta que en las guerras participan millares -y no decenas- de soldados, que en otra batalla que sucede a muchos kilómetros dispare y abata, por supuesto sin saber de quién se trata, a ese mismo hermano, que además está huyendo despavorido. Pero escapa a las leyes de la lógica que, décadas más tarde, vuelva a caer prisionero en otra guerra, en un país distinto, por unas tropas comandadas precisamente por el hijo de ese mismo hombre.

Ejemplos de parodias puntuales en El León y La Cebra los hay a docenas, pero, por razones de espacio, remitiremos al lector a unos pocas. En primer lugar a esa épica escena, donde ridiculiza la mala literatura erótica, de sexo entre el protagonista y Aparicia García, con “rendidos cuerpos”, “fuerzas interiores que aúpan a cimas de energía”, “ondas de placer”, “mares de deseos y abandonos”, “furias incontinentes y perversas”, “hembras desatadas” y “columnas de humo ennegrecido que ascienden altivas en la noche”. (¡Sí!, el humo negro asciende altivo ¡en la noche!) Todo ello mientras los amantes, entre embestida y embestida, piensan en bombas, atentados, guardia civiles y corridas de toros. La ramplonería del lenguaje y el surrealismo que empapa la situación, logran con creces el efecto burlesco.

O este otro impagable pasaje (pp.60 y 61) en el que tenemos a un terrorista escondido en el hueco de una escalera, “quieto como una piedra, “acartonado como una algarroba” y “más callado que un muerto requetemuerto”. La ráfaga de contundentes -y ocurrentes- metáforas, qué duda cabe, es lo bastante explícita: no desea ser descubierto. De repente, su compañero Aníbal dispara tres veces sobre unos policías que los persiguen, lo que, en palabras del narrador, “obligó a los guripas a responder el fuego del anarquista, hiriéndole en una pierna, dos dedos por encima de la rodilla, lo que le obligó a soltar un alarido de dolor que daría al traste con las precauciones que Paul Roiget había tomado para hacerse el invisible”. De donde se deduce que fue el grito, y no los tres disparos previos (disparos que, descerrajados en una angosta escalera debían de producir un considerable estruendo), los que truncaron su anhelada invisibilidad; y, yendo aún más allá, que los “guripas” dispararon por deporte, pues hasta que éstos no escucharon el posterior alarido (posterior a los tres disparos de Aníbal y a los de ellos mismos) los planes de los anarquistas no se fueron al garete.

Y qué decir de las desternillantes parodias del mundo árabe, esos árabes que, excepto en los nombres, algunas invocaciones a Alá y unos cuantos detalles de folleto turístico, siempre hablan y se comportan como europeos, como europeos, además, amantes de la jerga de casi sesenta años más tarde: “pelanduscas”, “ver el bombo”, “pringados de mierda”, “a mi hijo hay que ponerle caliente cada día”, “quedarse a dos velas”, etcétera. A este respecto nos gustaría saber también si en los años treinta las familias marroquíes, como hace la familia Sattag, solían irse a veranear a la playa; o cómo puede ser que dos ¡¡esclavas!! de principios de siglo se permitan poner en entredicho la virilidad del hijo de su señor, en su propia cara y con estas duras palabras, palabras que probablemente, aun en nuestros días y tratándose de mujeres libres, provocarían una tragedia de dimensiones considerables en el seno de cualquier familia musulmana: “No sabemos si eres lo suficiente hombre… puede que por eso eligieras una esclava que más parece un chico que una chica… Pero lo siento, no tiene colita (sic) (p.121)”. El mancebo, de diecisiete años, y su poderoso clan, encajan la burla con una flema y deportividad que remiten más al mundo anglosajón que al árabe.

Sin embargo, en no pocas ocasiones esta decidida apuesta satírica le hace incurrir en excesos que convierten la mera lectura del texto en una aventura no exenta, incluso, de riesgos físicos. Por ejemplo, cuando saltándose a la torera cuantas normas gramaticales y de puntuación encuentra a su paso nos arrolla con frases que podrían constituir en sí mismas -nos referimos, claro está, a la extensión- un relato corto. (Ni siquiera tiene la compasión de colocar, aunque sea a destiempo, algún punto y coma salvador.) Las hay de 41 líneas (pp.8, 9 y 10), de 43 (pp.15, 16 y 17), de 64 (pp.95, 96, 97), y, si no hemos contado mal, alcanza su cenit cuando nos enfrentamos (pp.32, 33 y 34) a una frase de ¡71! líneas, con el consiguiente riesgo de muerte por asfixia para quien cometa la temeridad de leer el texto en voz alta. (Queremos creer que no se trata de ninguna venganza personal contra el lector, y que en realidad el autor intenta algún juego narrativo o audacia experimental que, si bien, visto el desarrollo lineal, absolutamente plano, del texto, la verdad no alcanzamos a concebir cuál sería su propósito.) (…)

Por lo visto, la obra no era cómica. La novela nunca llega a publicarse (creo), y, en cierto modo, es una lástima.

Como una venganza de los cielos cae un rayo en mi casa -entra por la antena colectiva- y manda los aparatos eléctricos que estaban conectados en ese momento (o sea, casi todos) a la porra.

(continuará)

8 comentarios para “GONDOLERO EL POLÍGAMO (LA CUARTA ENTREGA)”

  1. Amy Dice:

    Bueno, bueno, no me extraña que consiguieras descifrar mi comentario del post anterior con este trabajito que tenías. Pero lo que es la mente humana, hay trilogías que hasta las convierten en grandes producciones cinematográficas y que no sé si serán geniales literariamente hablando, pero sí que son un tostón que no hay por donde cogerlas. Y este chico que consigue lo que el Quijote, ridiculizar a sus predecesores, va y se queda sin publicar, !qué injusticia divina!. Yo me creía que la “editora” te iba a despedir por los comentarios a la obra de su “amigo”, cachis, sólo te envío un rayo.

  2. gondolerobcn Dice:

    Sólo un rayo, sí, lo que atribuyo a su bondad infinita.

  3. Malvaloca Dice:

    Te envío un rayo por sobrevivir al ladrillazo del texto de su amigo.

    Vaya…… yo que creía que nos ibas a contar una historia con la editora o la secretaria. Por el título, no por otra cosa….

    Besitos

  4. Malvaloca Dice:

    Quería escribir: envió.

  5. gondolerobcn Dice:

    Malvaloca: Todo tiene un límite… I Suposed.

  6. Asombrada Dice:

    “Más callado que un muerto requetemuerto”…

    Sublime. Voy a ver si me recupero de la impresión.

    (¿Seguro que no era Sofía Mazagatos la autora de la “novela”? Una persona culta, instruida, refinada, que se deja “la piel en el pellejo” y que siempre está “en el candelabro”, es la única que podría condensar tanto arte en tan pocas palabras)

  7. Asombrada Dice:

    ¡¡Ups!! ¡¡Me olvidaba!!

    Muchas gracias, Gondolero ;)

    (Jeje. ¡Qué a gusto me he quedado!)

  8. gondolerobcn Dice:

    Para mi desgracia, a menudo me levanto en plena noche macullando esas mismas palabras…

    Y no se me olvida: Muchas gracias, Gondolera.

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