SORDIDEZ

By gondolerobcn

(NOTA: Éste es el último post de mi viejo blog, es decir, que se trata del último “dejavu” que presento en este vuestro canal, textos que he ido intercalando, con la habilidad que me caracteriza, a lo largo de estos últimos meses. Un año, más o menos ha transcurrido desde que lo escribí, y, la verdad, no tenía pensando publicarlo. ¿El porqué…? Pues porque en días como hoy pienso que la vida -y también el amor- es algo demasiado intenso, pirotécnico y maravilloso como para etiquetarlo de la manera simplista que lo hice un año atrás a lo largo de las lineas que siguen.

Y esto puede significar tres cosas:

1) Que no soy tan sórdido ni negativo, a pesar de todo.

2)Que la terapia de mi grupo de apoyo, “Genios Anónimos”, comienza a dar sus frutos.

3)Que esta bebida tiene más grados de los que marca la etiqueta de la botella. 

Vayan ustedes a saber.)

 ***

Cobraba el seguro de desempleo, acababa de ganar dos premios literarios -uno de relato y otro de novela corta- en cuestión de un mes, y me creía una especie de Dickens. Y escribía y escribía y escribía con la dedicación y la constancia de un adicto a la heroína. La verdad, no hacía otra cosa, y tras esos primeros pequeños triunfos estaba convencido que a la vuelta de unos meses las doradas puertas de las editoriales se me abrirían de par en par.

Pero, dicho sea de pasada, faltaban todavía cinco largos años para que una editorial seria me publicase mi primera novela, que en realidad era la tercera que había escrito.

Mi chica de aquel tiempo, que hasta entonces observaba mi pasión –u obsesión- con una mezcla de conmiseración, fastidio y santa paciencia, asistió asombrada al hecho de que llegaran los primeros ingresos económicos –no muy cuantiosos pero, al fin, tangibles- provenientes de la literatura. Eso la descolocó. Yo no ignoraba que ella odiaba mi vieja máquina de escribir de carro. Hasta entonces su frase favorita al respecto de mi vocación literaria había sido “Pero, ¿por qué escribes…?” No lo entendía, no le cabía en la cabeza por qué perdía lamentablemente mi tiempo escribiendo textos que jamás nadie iba a leer mientras el mundo fuera mundo. Y, si he de ser honesto, yo tampoco lo entendía muy bien… Así que una tarde, rompiendo una regla no escrita que imperaba en nuestra relación desde el primer día, se interesó por primera vez en leer uno de mis relatos.

No faltaré a la verdad si señalo de entrada que los principales atributos de mi chica (que los tenía, y de la talla 120) no radicaban precisamente en sus ambiciones culturales. Ella misma, según me había confesado en una ocasión, sólo había leído un libro en su vida, uno que, lo recuerdo bien, llevaba por título Armando la Gorda y que a pesar de mis esfuerzos jamás he conseguido encontrar. Por eso me extrañó que una tarde me pidiera permiso para leer el relato -el más corto, eso sí- que había ganado el premio. Hasta la fecha nadie había leído jamás un texto escrito por mí en mi presencia (casi podía asegurar que, exceptuando los jurados de ambos certámenes, tampoco sin mi presencia), de modo que mientras ella leía mis doce folios premiados, yo fingía mirar la tele como si no me importara mucho el asunto; pero en realidad no dejaba de observarla ni un segundo, atento a cada una de sus reacciones.

Al acabar, su veredicto me dejó congelado. Esperaba escuchar una larga perorata en la que viniera a reconocer lo mucho que se había equivocado conmigo y, sobre todo, con mi talento. Sin embargo el contenido del mismo fue poco menos que telegráfico: un verbo y un adjetivo; para qué mas.

-Eres sórdido.

Por unos segundos soñé conque completaría o matizaría la opinión; pero no, verbo y adjetivo constituían toda la opinión: Era sórdido.

Con buen criterio renuncié, pues, a ahondar o interesarme por saber si la sordidez era mérito o demérito, aunque algo me decía que no se trataba precisamente de un elogio.

No digo que no fuera cierto, desde luego, pero mi vanidad esperaba algo más que dos palabras, y no de las mejores. ¿Acaso mi relato Después de la meningitis o se muere o se queda uno idiota: Lo sé porque la he tenido no había ganado el primer premio de un certamen literario organizado por el excelentísimo ayuntamiento de L…? ¿Acaso la nota del jurado no destacaba mi talento, ironía y sentido del humor…? Traté de arrancarle una palabra más a mi chica, pero fue en vano. Como crítica literaria era implacable: “Eres sórdido.” Y punto.

Desde aquel día, la sordidez, la mía, pasó a instalarse en nuestras vidas como un elemento más del mobiliario. Y no solamente la literaria. “Eres ssssssssssssórdido”, me recriminaba, arrastrando con rabia la ese, con desesperante frecuencia en el curso de algún rifirafe doméstico. Al principio la cosa me divertía, pero al cabo de un tiempo dejé de encontrarle la gracia. Seguro que este hecho no tuvo nada que ver en lo que sucedería a continuación, pero muy pronto los buenos tiempos empezaron a quedar atrás.

Sólo en contadas ocasiones me he tomado la molestia de dejar a las mujeres con las que he compartido mi vida: sabía que ellas lo harían por mí cuando llegara el momento. Y jamás me equivoqué, como sí lo hice con tantas otras cosas, en ese punto. Y cuando el momento se materializó por fin y me vi con mis maletas en la puerta, empecé a pensar –y todavía lo pienso hoy- que en realidad aquellos días de principios de los noventa, avances profesionales aparte, si que fueron sórdidos: que los silencios, las discusiones, el engaño, el hastío asesino y los vacíos sí que lo fueron, que incluso los no pocos momentos de amor y sexo que disfrutamos M… y yo también pagaron al fin y a la postre su inevitable cuota de sordidez. Y en días como hoy todavía iría más lejos y me atrevería a decir, incluso, que la misma vida, algo que empieza con un llanto y termina en una tumba, sea la broma más sórdida de todas. Y quizá diga estas cosas porque, además de sórdido, sea un ser negativo; pero así lo pienso y así lo escribo, y, si bien prometo que el próximo post será más alegre que éste, aquí quedan consignadas estas reflexiones por si alguien más, igual o menos sórdido que yo las quiere leer.

 

11 comentarios para “SORDIDEZ”

  1. Asombrada Dice:

    ¿Estás seguro de que la interfecta en cuestión conocía el significado de la palabra “sórdido”?

    ¿No sería que en realidad quería decir que eras “sólido”, en referencia a tus atributos físicos, en especial a cierta parte de tu anatomía?

    Es que si, como cuentas, no tenía excesivas inquietudes culturales, y, encima, el único “libro” que había leído tenía por ilustrativo título “Armando la Gorda”, creo que lo más probable fuera que no entendiera ni papa de lo que habías escrito y pensara que, pese a no entender tu cerebro, podía quedarse con tu físico porque, a fin de cuentas, era… sólido.

    A mí esta segunda teoría me convence más.

    Por otro lado, si te sirve de consuelo, a mí no me pareces sórdido en absoluto. Pero no te diré lo que me pareces porque mi abuela, una sabia mujer, me enseñó que a los hombres había que darles una de cal y una de arena (no es que hasta el momento me haya funcionado demasiado, pero yo sigo aferrándome a mis principios).

    Por lo demás, para variar, me ha gustado muchísimo tu relato, aunque tenga un tinte agridulce en esta ocasión.

    Así que me reafirmo:

    “Muchas gracias, Gondolero” ;)

  2. Miranda Dice:

    Hace ya tiempo que me importa una caca que los demas me acepten o no. Lo que hago y no hago o deje de hacer. No esperes aprobaciones de nadie. Solo tú tienes que estar satisfecho con todo lo que haces en esta vida. Es la única forma de valorar tú vida y de sentirse bien con uno mismo.
    Un besito.

  3. Malvaloca Dice:

    ¿De verdad crees que pensaba que eras sucio, impuro, indecente, escandaloso, mezquino y avariento?.

    Yo creo que tenías que haberle contestado: “Y tú fétida”.

    Con la perspectiva que da el tiempo creo que te hizo un gran favor porque te permitió oler de nuevo las flores y volver a libar cual abeja maya.

    Con lo divertido que eres….. ¡qué poco sentido del humor!, aunque ponte una mano en el pecho (en el tuyo que eres un truhán) y piensa si no eres un poco rarito y cabroncete con esa manía tuya de que te dejen en lugar de dejar cuando ves claro que las cosas ya no son viables.

    Besitos de una aspirante a Genia sin anonimato.

  4. Amy Dice:

    Yo a diferencia de tus otras admiradoras creo que un cabroncete sólo parece “estupendo” cuando no es tu pareja, cuando lo es puede llegar a ser una situación bastante peliaguada en el mejor de los casos. Vuelvo al trigo como la burra, si tu única razón o la principal para estar con una chica empezaba por su talla 120, lo de menos es que ella pensara que fueras sórdido como escritor. No sé si lo digo desde la envidia de la que sólo tiene una 85D o desde la objetividad de la que sabe que su cerebro no desmerecería nunca a su cuerpo…jajajaj !qué cabrona que soy!. Lo reconozco soy muy sórdida … jajajaj.

  5. gondolerobcn Dice:

    Asombrada: Dudo mucho que conociera exactamente el significado del término, sí.

    A ti no te parezco sórdido porque me ves con los mismos ojos que te veo yo, es decir, con las gafas de ver lo bueno de las personas, las de rayos X Positivos.

    Ahora insluso diría que sólo me falta colocarme las gafas de ver… ejem… tus atributos.

    Pero no, no, no lo diré.

    Lo pensaré sólo.

    Miranda: Yo siempre estoy satisfecho de lo que hago, si bien, a veces, no me duelen prendas en reconocerlo, no lo estoy tanto de lo que hacen los demás.

    Lo que ocurre es que en esa época empezaba a enseñar mi talento al mundo y no estaba convencido de que el mundo tuviera el suficiente talento como para apreciar el mío.

    Adorada Malvaloca: No, no, no, no soy nada de eso. Como mucho, impuro, y más que nada porque como jamón.

    No es una manía. Es egoísmo y altruismo a partes iguales.

    Egoísmo: Así nunca he de torturarme a posteriori con el “Habré hecho Bien” de marras.

    Altruismo: Como sé que a las mujeres les baja mucho la autoestima cuando las dejan y en cambio la mía, que ya está más que entrenada en tales menesteres, sigue incólume me mande quien me mande a paseo, pues las dejo tomar la iniciativa y todos contentos.

    Tu eres genia con o sin firma. Te lo digo yo.

    Amy, Amy, Amy: Un cabroncete -y conste que yo lo parezco pero no lo soy- siempre va bien en una vida… especialmente para rellenar las heladas noches de invierno.

    No sólo estaba con ella por sus “atributos” pectorales. Recuerdo también su trasero como un monumento a la libido.

    Visto retrospectivamente, fue una relación bastante estúpida y no poco marciana por donde lo mires. Algún día, puede que pronto, contaré algo de ella.

    Por lo demás, puedo decirte, querida Amy, sin temor a equivocarme: eres sssssssssórdida.

  6. nueva heredera Dice:

    ¿Así que mi idiotez viene de la meningitis???anda coño…acabo de entenderlo todo!!pa´que después me digan que pierdo el tiempo leyendo estos blogs…
    P.D tampoco yo tengo claro lo que significa sórdido, y he leído mucho eh??

  7. gondolerobcn Dice:

    nueva heredera: En realidad lo de la meningitis iba por la mía.

    Pero tenemos que estar tranquilos, pues en el Evangelio de San Mateo se nos consuela a todos.

    Sórdido c´est moi.

  8. Asombrada Dice:

    Espero que no te pongas las gafas de ver atributos…

    Perdería todo el misterio, el encanto y la emoción. Además, tengo comprobado que la gente rara vez alcanza el nivel que uno pone en la imaginación.

    …Y no veas yo lo bien que te imagino. Jejejeje ;)

  9. gondolerobcn Dice:

    ¿Perdería la emoción ponerse las gafas o ver los atributos?

    No respondas, no. Lo sé, lo sé, lo sé.

    Imagíname.

    ¿Creta, dijiste?

  10. caótica Dice:

    ¿Sórdido y negativo alguien que dice “si no puedes cambiar lo que ha ocurrido por lo menos huele las flores”?

    Pues acabo de descubrirte, y no me lo pareces. Me gusta tu estilo.

  11. gondolerobcn Dice:

    caótica:Bienvenida a bordo!

    Tu estilo tampoco está nada mal.

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