El último post, como bien saben los abnegados lectores habituales de este canal, concluyó con nuestro héroe -o sea, servidor de ustedes- sumido en una situación harto comprometida.
La recordaré: El marido de una señorita a la que estoy a punto de homenajear en un club de intercambio de parejas, viendo los problemas que sufro para encasquetarme un preservativo, se ofrece galantemente a solucionar mi problema.
-Ya te lo pongo yo -son sus palabras. Palabras que vienen acompañadas de un inequívoco gesto: el de colocarlo él mismo en su lugar, esto es, el de prestarse a amorcillar mi pajarito en el globito de latex cual experto carnicero.
La invitación me llega al alma; pero mi educación religiosa y ciertas preferencias sexuales ya establecidas desde la misma adolescencia hacen que decline, con tanta amabilidad como firmeza, la oferta.
Consigo por fin embutirlo en su lugar y, sin más demora, entro en la rubia. Su marido, el buen samaritano, nos contempla extasiado mientras comienzo a darle a su señora las primeras embestidas de tanteo, despacito, buscando el ritmo adecuado. Sumido en el desenfreno, noto que alguien me soba el culo por la retaguardia; pero renuncio a saber de quién se trata y sólo rezo para que la persona que acaricia mi trasero con tanta ternura no sea un varón. Tomo a la chica por las caderas y, con un seco movimiento, la arrastro hasta mí. O sea: se la clavo hasta las mismas entrañas… Empiezo a martillearla, cada vez con más fuerza, mientras ella levanta las piernas y se deja ir. Gime… me araña la espalda… “Las cosas van bien, Gondolero”, me digo: el cielo es azul en la China y yo estoy montando a la mejor yegua salvaje del Estado de Kansas. Se va a enterar, se va a enterar…
De pronto, alguien me avisa.
-Tu pareja está llorando.
-¡Oh, no! – es lo único que acierto a decir.
-¡Oh, sí! – responde una voz fantasmal.
En efecto, está sentada al borde la cama, llorando como una magdalena, y no precisamente la magdalena de Proust.
Todo el mundo cesa sus ocupaciones. Y me miran… Y yo sé lo que están pensando. Lo sé aunque se equivocan. Ella es, y servidor en persona lo ha presenciado, la que ayer deleitó a mis dos amigos y a mí mismo con un streaptease completo -burdo pero completo- al compás de la música de Madonna. Ella es la que nos puso la piel de gallina a tres curtidos guerreros del sexo, veteranos de mil batallas. Ella es, según me ha contado, la que sí que ha hecho tríos, cuartetos, quintetos. Ella es la se pasó por la piedra en unos vestuarios a tres jugadores de un equipo de fútbol americano de mitad de la tabla… Yo soy el pardillo ahí, el monito organillero vestido de botones, un ruiseñor mojado, muerto ahora de vergüenza, palpando el desprecio en las miradas de los que, hasta hace poco, consideraba casi mis hermanos de cama.
Mi rubia, quizá la única persona en ese lugar que no me considera una cucaracha, trata de levantarme el ánimo, y digo “el ánimo” porque una parte de mi anatomía, la misma que hace unos sólo unos segundos se erguía airosa y espectacular cual obelisco romano, sería incapaz ahora de ser izada ni por medio de una grúa.
-Es que es muy jovencita -dice.
La rabia no me deja articular palabra, pero si hubiera podido, habría dicho más o menos esto:
-Sí, sí, tan jovencita que ayer se pasó por la piedra a dos amigos míos.
Pero sé que nadie me creería. Renuncio, pues, a toda defensa, me aproximo a mi vecina y le digo:
-Vamos a vestirnos.
Salimos de allí. Estoy realmente furioso, tanto que no puedo ni hablar. Y encima vivimos en la misma escalera, por lo que tengo que acompañarla hasta la puerta de su casa. Mientras vamos en el coche, ella quiebra el silencio sepulcral que nos invade:
-¿Estás enfadado?
-No. Estoy muy feliz. ¿No ves como me río?
-Pues no lo parece.
“Desde luego que debe de padecer algún tipo de deficiencia mental”, me digo a mí mismo.
-Intentaba ser irónico.
-¿Qué te pasa?
-Me pasa que me debes un buen polvo.
-Pues ahora te lo compensaré.
-No, no. Me debes un buen polvo… con otra.
Ya no decimos ni una palabra más hasta que nos despedimos.
A los pocos meses –y no tiene nada que ver con lo sucedido- me mudo de piso. Así que, hasta hoy, jamás la vuelvo a ver. Pero, querida, si algún día puedes leer esto, sólo quiero que sepas que todavía me sigues debiendo uno…
…Con otra.
Etiquetas: INTERCAMBIO DE PAREJAS, MÁS SEXO, SEXO
Junio 7, 2009 a las 12:16 am
jajajajajajajajajajaja. Con que gracia relatas los acontecimientos. Me recuerdas a una persona especial para mí. jajajajajajaja.
Un besazo.
Junio 7, 2009 a las 12:17 am
Tienes razón en calificar de tontita a tu acompañante y en no dar por saldada la deuda.
Jodida interrupción, casi tan jodida como la intriga que me queda porque no revelas quién te acariciaba el culo con tanta ternura.
Bueno, menos mal que te dejó disfrutar algunos minutos. Lo del preservativo de premio, también me queda la duda de si no entraba por el apremio del momento o porque no daba la talla (el plastiquito, eh?).
Muchos besitos
Junio 7, 2009 a las 10:43 am
Jajajaj no sé si me hacen más gracia los comentarios a la loca de tu vecina. Gondo hijo pon ya tus medidas!!!. Cuando a los tontos les da por algo casi siempre suele ser por el sexo, y lo digo con todo el respeto que se puede tener por una chica así, que digo yo que si ella misma no se respeta por qué lo habría de hacer yo. Ayss Gondolero ¿te puedes imaginar cómo contaría ella la misma historia que nos narras? Sería divertido, porque esta chica tiene un problema con su distorsión de la realidad y me gustaría comprobar hasta qué punto.
Junio 7, 2009 a las 10:44 am
Uysss quise decir …. los cometarios o la loca de tu vecina.
Junio 7, 2009 a las 11:46 am
Mranda: Gracias mil. O más… Es un honor parecerme a alguien especial para ti, de veras.
En cuanto la gracia que tengo narrando cosas y tal, la verdad que no tiene mucho mérito: es de nacimiento.
Malvaloca: El sexo -y si llevaba barba o no- de la persona que me acariciaba el trasero aquella infausta noche es un un dato que revelaré sólo el día de mi muerte, es decir, dentro de 50 años.
El asunto del preservativo, en cambio, lo revelaré sin problemas ahora mismo: el plastiquito no daba la talla, desde luego. Deberían frabicarlos XXL. Ejem… Es una broma.
Medio broma.
Amy: En los de los tontos tienes toda la razón. Les suele dar por el sexo o por escribir. Créeme, sé de qué hablo.
Por el contrario, no me imagino cómo podría contar ella la historia, la verdad. Su punto de distorsión de la realidad era también , sencillamente, XXL.
O XXXL.
Junio 9, 2009 a las 3:13 pm
¡¡¡Alucino!!!
¡Con lo que prometía la historia, y cómo se torció (¿o debería decir “decayó”?) al final.
Llego a ser yo, y la mato, en serio. Y seguro que, una vez explicadas al juez las circunstancias del caso, me habrían aplicado una eximente y no me habrían condenado.
¡¡¡Será ****** la tía!!! Vaya una manera de fastidiar al personal.
Si hasta yo le he cogido manía, por haberme fastidiado el morbo de la historia (yo que llevaba dos episodios babeando, cual Homer Simpson ante la visión de un donut)
En fin… voy a intentar recuperarme de mi decepción… snif.
Pese a todo…
¡Muchas gracias, Gondolero!
(Por cierto, ¿vas a continuar con la saga de MUCHAS GRACIAS GONDOLERO?)
Junio 9, 2009 a las 4:41 pm
Decayó, se derrumbó, desplomóse, se vino abajo…
Es lo malo de ser veraz: decepcionas.
La cosa no pasó de ser como uno de esos sueños en los que corres y corres y nunca llegas al final.
Pero sin correrme.
Pero me gustas igual: decepcionada o satisfecha, desbabada o colmada.
Por supuesto que seguirá “MUCHAS GRACIAS, GONDOLERO”, la portentosa saga que hizo babear a varias generaciones de gondoleras cual réplicas del perro de Pavlov, con su inigualable héroe más en forma que nunca. El problema, más que nada, es que para escribir guiones utilizo un programa incompatible con este vuestro humilde y nunca lo bastante ponderado blog. Y escribir estas seis o siete páginas se convierte en un trabajo demencialmente ingrato, porque todo tiende a desmoronarse como una noche de pasión con una cretense insatisfecha.
Pero lo haré, lo haré, lo haré.
Junio 10, 2009 a las 11:35 am
¡Pero mi querido, venerado e idolatrado Gondolero!
¡¡¡Cómo se te ocurre pensar que eras tú el que me había decepcionado!!!
No, hombre, no… lo que me ha decepcionado es el final de la historia truncado por las inseguridades de una aspirante a zorrupia que no llegó a serlo.
¡¡Ainssssssss, qué pena más grande!!!
Junio 11, 2009 a las 7:24 am
jejejejeej, no me hubierta esperado este final jamás.
bueno la chica en cuestión si que parece un tanto desequilabrada, la reacción que tuvo no tiene mucho sentido, quizás sólo se siente satisfecha o cómoda cuando es ella la protagonista y todos le bailan, quizás se enamoro y no soportó verte disfrutando con otra, tantos quizas..
pero lo que tampoco entiendo es como después de tener absolutamente claro que la niña es tonta de remate y estar hartito de ella, primero la dejas entrar en tu casa, y luego te vas con ella…
Junio 11, 2009 a las 8:15 am
Asombrada: Pero mi querida, venerada, idolatrada y objeto de deseo Asombrada!
¿Cómo se te ocurre pensar que me había decepcionado el haberte decepcionado?
Pero si ayer mismo estuve mirando en el Corte Inglés flotadores de esos de patito (siempre los patos, al final sí voy a tener que ir a un psicoanalista) para viajar a esas islas encantadas.
Anónimo: Bueno, este final literariamente es conocido como “anticlimax”; pero es lo malo de los textos autobiográficos:
Puedes maquillar la realidad, pero no someterla a cirujía estética.
¿Que se enamorara? Pues no creo, la verdad. En todo caso, de ser así tendría que retirar ipso facto de lo “tonta de remate” y dejarlo sólo en “tonta”.
Lo último que dices: la dejé entrar en casa porque nos separaban apenas unos escalones, porque me cogió por sorpresa y porque uno es de natural educado y hospitalario.
Y porque decidí pegar el último antes de mandarla a paseo, cosa que jamás debí haber hecho.
Por fortuna aprendí la lección, y me volví un consumado maestro en el arte de colocar (a mí mismo, se entiende) preservativos.