Por fortuna, todo ha sucedido de prisa y sin dolor. Mientras me elevo hacia los cielos, observo mi cuerpo tendido en la acera. Casi me da pena verlo ahí, tan sólo e inmóvil: no puedo negar que fue un buen cuerpo, nunca me dio demasiado trabajo a pesar de que duró 105 años… Pero ahora estoy muerto. Ahora soy espíritu, un espíritu desprovisto de envoltorio carnal, que abandona este mundo y penetra en un angosto y misterioso túnel…
Y al final del túnel, en la lejanía, se distingue una luz de inusitado fulgor, una luz que parece llamarme… Hacia esa luz, pues, me dirijo. Pero entonces, una dulce voz femenina, me advierte del peligro:
-Aléjate de la luz, aléjate de la luz, aléjate de la luz.
Reconozco la voz: pertenece al espíritu de mi ex mujer, a quien las Potencias Superiores han encargado la misión de ser mi guía en la transición hacia el Más Allá Azul…
-Debes alejarte de la luz –repite.
-Esto… sí, sí… claro, cariño –digo-. Nada de luz.
Silbo la canción de Mi mono Amedio y yo para despistarla y me voy acercando, como quien no quiere la cosa, a la luz.
-¡ALÉJATE DE LA LUZ, MAMARRACHO, O TE VAS A ENTERAR DE LO QUE VALE UN PEINE!
Apresuro el paso… Más rápido… Corro… Vuelo… Ella me persigue lanzando maldiciones, pero soy un espíritu veloz, así que pronto la pierdo de vista.
Al final del túnel me encuentro con una puerta. La traspaso y descubro que al otro lado me están aguardando, a manera de comité de bienvenida, los espíritus de todas las mujeres con las que he compartido alguna parte de mi vida. No falta ni una de ellas a la cita. Han venido a recibirme para que no me sienta desamparado en el Más Allá Azul. Todas me reciben amorosas, como en nuestros mejores momentos, y al parecer esperan que yo diga algo. Por tanto, después de pensarlo unos segundos, digo ese algo:
-He dejado el coche en doble fila. No os vayáis, chicas, regreso en cinco minutos.
Pero cuando me giro para salir, compruebo que la puerta ha desaparecido. No puedo irme. Estoy atrapado en el limbo.
De algún lugar surge una melodía de los “Héroes del Silencio”, y de súbito empiezan a desfilar ante mis ojos, como si se tratara de fotogramas de una película, imágenes de los instantes que disfruté junto a esas damas… Las imágenes, los Héroes del Silencio, esas mujeres a las que amé… Entonces lo comprendo todo: Estoy en el infierno. La he jodido… Así que era cierto lo que decían los curas…
Las chicas todavía me miran en silencio, expectantes. Y yo, sacando fuerzas de alguna parte, me atrevo a expresar en voz alta una duda que me mortifica desde el mismo momento que he llegado ahí:
-¿A qué hora se cena aquí?
Una de ellas salta:
-Afronta la realidad por una vez.
Y otra:
-Sólo te preocupas de ti mismo, para variar.
Y otra:
-Eres sórdido
Y otra.
-Sólo piensas en follar, comer y dormir, eres peor que un animal de la selva.
Y otra (¿han sido tantas?):
-Narcisista y egocéntrico.
-Vago.
-Inmaduro.
-Chiflado.
-Él sí que me daba paz.
-Tú, tú, tú, y tú: eso es lo único que te importa en este mundo.
-Estás vacío por dentro.
-Miserable, más que miserable…
“¡Dios mío!”, pienso. “¡Así que el infierno era esto! ¿Dónde están las calderas hirviendo? ¿Y los demonios tradicionales? ¿Y los ríos ardientes de lava…? Ten piedad, Señor, envíame junto a Satanás si ése es tu deseo, méteme en una Magefesa o permite que me ase a fuego lento como un pollo, pero ¡NO ME DEJES AQUÍ!
-Mira que intentar tirarte a mis hermanas: sátiro.
-Fracasado.
-Entierras la cabeza como los avestruces.
-Golfo.
-Nunca soportaste a mi madre.
-Tú querías una esclava, no una mujer.
-Troglodita.
-Jamás podrás amar a nadie que no seas tú mismo…
-¡SOCOOOOOOOOOOOOOOOOORRO!
***
Despierto bañado en sudor, con el corazón latiéndome a cien por hora. Por suerte, sólo ha sido una pesadilla, una horrible pesadilla… Pero es una señal, una advertencia, comprendo que se trata de una señal de que algo sustancial ha de cambiar en mi vida. Y no puedo pasarla por alto, como tantas otras veces. Así que ahí mismo, entre las sábanas y a las tres cincuenta de la madrugada, formulo un solemne e inquebrantable juramento.
-A Dios pongo por testigo que por mucha hambre que pase, no volveré a cenar en un restaurante chino que no figure en la guía Michelin.
Etiquetas: ALEJATE DE LA LUZ, DÍA DE DIFUNTOS, GUIA MICHELIN

Diciembre 5, 2008 a las 12:38 am
Yo creía que ibas a poner a Dios por testigo de que tu próximo ligue sería una Demi Moore, estilo Ghost. Más que nada por tu probada inclinación cinematográfica…
¡Qué arte tienes!
Besitos
Diciembre 5, 2008 a las 8:18 pm
uffff … menuda pesadilla como fuera eso lo que nos espera en el más allá… menos mal que eran solo los efectos de los vapores etílico orientales jajaja.
Me encanta leerte de nuevo….
Un besooo
Diciembre 5, 2008 a las 8:48 pm
Malvaloca: Si pusiera a Dios por testigo de eso, me condenaría irremediablemente al fuego eterno, sin pasar por la casilla de salida y sin cobrar las veinte mil pesetas (que ahora deben de ser euros).
Gracias por lo del arte.
Ambrosía: Sí, sí, era sólo una pesadilla. Me encanta que me leas y leerte de nuevo.
Diciembre 6, 2008 a las 12:56 am
Y tu piensas que tenían razón??????????”. jejejejeje.
Diciembre 6, 2008 a las 9:48 am
y eso que no hemos llegado a navidad con esos sueños traicioneros…
tan cabroncete eres??? jajajjaja… vaga es un chico malooooo….
(la próxima vez hazle caso a la maldita)
Diciembre 6, 2008 a las 10:17 am
gondolero…
no tengo perdón.
acabo d tener mi propia pesadilla.
Diciembre 6, 2008 a las 8:35 pm
Miranda: Por supuesto… Bueno, los comentarios son ciertos excepto que sólo quise tirarme a una de las hermanas de uno de esos espíritus, no a todas.
damisela: Narra esa pesadilla o no podré dormir en varias semanas.
Diciembre 9, 2008 a las 12:43 pm
Hace unos meses, en una situación digamos… extrema de salud, me quedé preocupada de que no había visto la luz, podía ser posible que no hubiera luz para mí!!!! Eso no era posible!!!… pero… visto lo visto… casi prefiero mi oscuridad a tus luces…
Muxu bat
Diciembre 9, 2008 a las 2:52 pm
Kaoki:Yo también prefiero tu oscuridad a mis luces. Un beso.