-Sentíos libres y expresad vuestra libertad como queráis.
Ésta es la consigna. Sí… Sin embargo, cuando se cierra la puerta, nos quedamos quietos, apelotonados en el centro de la sala, sin saber qué hacer o en qué emplear nuestra recién adquirida libertad. Igual que presos que llevan treinta años entre rejas y de pronto se les abre la puerta de la jaula sólo para que descubran que no saben qué hacer con ella… ¿Lograremos saborearla? ¿Aprehenderemos esa mañana la esencia de la libertad?
Dos minutos más tarde comenzamos a dar, todavía en silencio, nuestros vacilantes primeros pasos del que se supone que es nuestro nuevo Parnaso. Nos dispersamos en pequeños grupos por la sala y comenzamos a inspeccionar, en silencio, el territorio donde vamos a ejercer, todavía sin tener muy claro cómo, nuestra nueva condición de seres libres y no reprimidos por autoridad alguna.
Cinco minutos más tarde estamos saliendo en tropel de la estancia, tratando de salvar la vida. A toda pastilla. Intentando, aun no siendo conscientes de ello, no ocupar la portada en los periódicos del día siguiente y que casi cuarenta familias barcelonesas no vistan durante los próximos meses de luto riguroso por nuestra trágica pérdida.
¿Qué ha sucedido durante esos cinco minutos?
Pues ha sucedido que la mejor manera que ha encontrado de expresar su libertad uno de mis compañeros ha sido prenderle fuego al papel. Y hay en la sala papel suficiente para dar y vender…
Es duro decirlo, pero el experimento ha fracasado. Estrepitosamente además.
Se nos concede fiesta el resto de la mañana.
-Lloraba, os juro que cuando llegó el primer camión de bomberos lo vi llorar -dice T.
-No puede ser -digo yo-. Los profesores no lloran.
-En serio. Yo lo vi con mis propios ojos. Estaba a su lado cuando se empezó a escuchar la sirena acercándose.
-¿Pero por qué iba a llorar si él no estaba dentro? Nosotros, que casi nos achicharramos como pollos, sí tendríamos que haber llorado y no lo hicimos.
-Bueno, ¿y ahora qué hacemos? -tercia P.-. Este aburrimiento va a matarme.
Mientras dice esto está jugando con las cuerdas de la gran persiana del ventanal de la clase: es una persiana verde, enorme, de soporte metálico, que a lo largo de su dilatada historia -se diría que fue fabricada en la época de los reyes godos, por lo menos- ya se ha cobrado alguna que otra brecha de consideración en la cabeza de algún alumno (servidor, que todavía ostenta la marca entre su colección de cicatrices, entre ellos).
-Tú siempre te aburres. No recuerdo ni un día de tu vida que no te hayas aburrido -le recrimino, mientras él no para de manipular la persiana.
-Mañana tendremos que volver a cantar esa horrible canción.
-¿Por qué no nos largamos? -apunta T.
-¿Del cole? ¿A esta hora?
-Sí, con el follón que hay por el incendio nadie se dará cuenta. Podemos ir a ver a las putas.
En efecto, cerca del cole hay un rincón donde algunos automovilistas se van con prostitutas. Unos días atrás, nos apostamos por ahí, escondidos a ver qué se cocía. Y una prostituta, al vernos, se levantó el jersey y nos enseñó las tetas.
Por supuesto, salimos corriendo. Pero nos quedaron ganas de regresar.
La persiana, como era de esperar, se rompe por fin. Esto nos convence de la necesidad de abandonar el lugar de los hechos cuanto antes, antes de que nos caiga un buen paquete.
Els dracs viuen per sempre
(Los dragones viven para siempre)
Mientras nos metemos por uno de los múltiples pasadizos -algunos de ellos bastante secretos- que tiene ese colegio para poder huir sin ser vistos, vamos hablando. No tengo ni idea de qué, claro, pero pongamos que estamos discutiendo sobre la libertad y sobre el incendio y sobre el aburrimiento y las putas y si habrían dado una semana de fiesta en el cole si hubiéramos muerto todos y lo mal que fabrican las persianas y sobre lo dura que es la vida para los chicos de once años…
Però el nens es fan grans.
(pero los niños se hacen grandes.)
Los niños se hacen grandes, sí.
Poco después los tres abandonamos subrepticiamente el colegio por una puerta lateral.
¡Qué duro es ser libre!
(Nota: Atención al vídeo antes de que lo cancelen. Vale la pena.)






